Pensé que, así como la primavera sucede al invierno consiguiendo año tras año que olvidemos su crudeza, habría siempre niños jugando y corriendo encima de nuestros muertos. Y que eran ellos, los niños, quienes conseguirían mejor que nadie, si no condenarlos al olvido, renovar nuestras ganas de vivir, a pesar de su dolorosa ausencia.
Después del invierno
Guadalupe Nettel