La experiencia del amor, cuando es así de incontestable, trae consigo una amenaza de revolución, de cambio radical, de renversement. Y, por más que evitemos —o posterguemos, como era mi caso— tomar decisiones abruptas o intempestivas, todo parece al borde del colapso, del terremoto. Es muy grande la fragilidad que se tiene cuando un amor de esas dimensiones se produce, cuando se impone así. Y es natural e inevitable que uno busque asideros, por más absurdos o equivocados que sean, para no sentir que nos engulle el abismo: el trabajo, las costumbres cotidianas, pero también las relaciones con las personas que constituían nuestro universo previo al sacudidor encuentro.

Después del invierno

Guadalupe Nettel